El tabaco o planta del tabaco pertenece a la familia de las solanáceas y al género Nicotiana como se describe en la sección de TEMÁTICAS / BOTÁNICA.

La planta del tabaco ha mantenido siempre una estrecha relación con el desarrollo de la humanidad y se sabe que por lo menos se cosechaban dos especies diferentes de tabaco en el Nuevo Continente, una era la Nicotiana Rústica (América del Norte), un tabaco cuya hoja tenía un alto contenido de nicotina y que por ser muy amarga era fumada en pipa para fumar y también mezclada con otras hierbas, la otra variedad, la Nicotiana Tabacum (América Central y del Sur), era mucho más suave. 

Esta última en concreto, la  Nicotiana Tabacum, parece tener su origen en las tierras de la cultura maya sobre el año 2000 a.C. abarcando Guatemala, Honduras y los estados mexicanos de Chiapas, Campeche y Yucatán; estos pueblos eran grandes marinos y comerciaban por todo el Golfo de México y las islas del Caribe. Esto hace pensar que todas estas islas tengan en común el tabaco de México, lo que denominaban los mayas como “CIKAR” que en maya significa FUMAR. Fue en estos viajes como llegó a Cuba, donde lo denominaban los aborígenes “COHIBA”.

El Fumador, sacerdote maya fumando y Talla sacerdote fumando (Templo de Palenque en México) | Origen del tabaco  

De la Nicotiana Rústica, otro de los nombres científicos del tabaco, se tienen pruebas de su utilización desde antiguo, ya que arqueólogos en Marana y el Valle de Santa Cruz (Arizona, EE.UU) han encontrado importantes piezas arqueológicas recuperadas en el yacimiento de LAS CAPAS entre las que hallaron pipas de piedra que aún contienen residuos de tabaco. 

Pipa de piedra (yacimiento de LAS CAPAS, Arizona. EEUU) | Origen del tabaco

Ceremonia de la pipa (indios América del norte) | Origen del tabaco

Dentro de la historia del tabaco, hay que comentar que el hombre fumaba tabaco, como hemos visto, desde mucho antes del descubrimiento de América. Desde hace mucho tiempo, el tabaco era utilizado en rituales religiosos y se le concedían poderes mágicos en el continente americano. La primera descripción completa que se realiza de la planta del tabaco fue en 1535 por Gonzalo Fernández de Oviedo, que era en ese momento el gobernador de Santo Domingo (La Española), en su Historia General y Natural de la Indias, si bien el médico sevillano Nicolás Monardes fue quien divulgó las propiedades curativas del tabaco en su obra “La Historia Medicinal” de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales (1565-1574), editada en Sevilla en 1580. Encabezando la segunda parte de esta obra, Nicolás Monardes hace una rigurosa descripción botánica de la planta del tabaco y aporta el primer grabado conocido sobre la planta del tabaco. 

Grabado que muestra a Nicolás Monardes y libro de Monardes con ilustración sobre tabaco | Origen del tabaco

Sigamos hablando de la interesante historia del tabaco. Francisco Hernández de Bóncalo, médico de la corte de Felipe II, fue enviado para estudiar las distintas plantas de tabaco del Nuevo Mundo y especialmente las que tenían carácter medicinal o con propiedades terapéuticas. Hernández de Bóncalo permanece allí desde 1570 a 1577 y escribe un buen número de volúmenes (posiblemente 17) que se pierden al ser devorados por las llamas en el incendio del Monasterio del Escorial en 1671. Solamente conocemos parte de su obra gracias a dos obras providenciales: un compendio publicado en 1625 que Felipe II encomienda a otro médico de la Corte, el napolitano Nardo Antonio Rechi: Rerum Medicarum Novae Hispaniae y otra obra más extensa que se publica en  1615 por Francisco Jiménez (discípulo de Boncalo), se trata de Cuatro libros de naturaleza y virtudes de los árboles, plantas y animales de la Nueva España. En ambos se describen las propiedades terapéuticas del tabaco en el tratamiento de diversas enfermedades, por ejemplo el asma.

Hernández de Bóncalo sembró por primera vez tabaco en unas tierras denominadas los cigarrales, porque solían ser invadidas por plagas de cigarras, y situadas en los alrededores de Toledo. Por este motivo algunos historiadores han asociado, que el nombre de cigarro pudiera proceder de esta denominación, donde el tabaco vio por primera vez  la luz en el Viejo Mundo.

El nombre que los aborígenes daban a la planta de tabaco es distinto dependiendo de cada zona, así en la descripción del tabaco que hace Hernández de Bóncalo en su segundo libro habla de que los aztecas la llamaban picietl o quauh iyetl, según la variedad de tabaco, pito en Brasil, patoun o petún, o finalmente cohiba, que realmente era la ceremonia de fumar y no la propia planta de tabaco.

Igualmente se piensa que la palabra tabaco dado a nuestra planta de tabaco solanácea, pudiera proceder (equivocadamente) del tubo bifurcado en forma de “Y” que los indígenas taínos usaban para aspirar el humo, que denominaban tobago, aunque también utilizaban otro instrumento o pipa de tabaco más sencillo que consistía en un solo canuto de caña con el cuál aspiraban el humo aplicando una de sus extremidades a la nariz.

Con el paso del tiempo se intercambiaron los nombres, pues el vocablo maya CIKAR que significaba FUMAR se asignó al CIGARRO o CIGAR y el TOBAGO o utensilio en forma de “Y” con el que lo aspiraban lo asignaron a la propia planta de TABACO, lo cual se puede leer en las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo.